¿Por qué Panamá?

Desde el año 1985, viajo a Panamá cada vez con más frecuencia. Repito por doquiera me preguntan que siempre viejo por razones literarias, y en este caso de Panamá no deja de ser verdad el asunto, sólo que en Panamá no me encuentro como en casa, sino en mi propia casa. Y eso, milagrosamente, sucedió desde el principio: decenas de amigos, que ahora lo son de verdad, constatados por el tiempo y la lealtad, me esperan desde que llego hasta que me vuelvo a mi casa de Madrid. Me agasajan, me invitan, mi miman. Me traen de aquí para allá, me festejan y me leen, lo que es mucho de agradecer. No sé si en estas latitudes istmeñas tengo algún enemigo, pero si de verdad lo tengo no lo he encontrado y digo yo que debe estar muy escondido. Soy bastante paranoico y siempre voy vestido de teniente general de la Revolución Francesa, dispuesto a defenderme de cuantas alimañas me asaltan por el camino. En todo caso allá ellos. Son tantos los amigos que tengo en Panamá, hermosísimo país, que ya me defienden ellos y cuando yo llego no encuentro más que un paseo militar aclamado por mis amigos a uno y otro lado del camino.
Encima, la semana pasada, me eligieron por unanimidad, según me han contado desde dentro, miembro académico correspondiente de la Real Academia de la Lengua Española de la República de Panamá. Mi siguiente paso es pedir oficialmente la nacionalidad panameña, para ya sentirme documentalmente panameño, porque de corazón lo siento desde hace bastante rato. Con lentitud y certeza escribo mi novela “Boulevard Balboa”, que tiene su centro de ficción y realidad en Panamá, en tres tiempos distintos como ya he contado en muchas ocasiones, desde la construcción del Canal, una maravilla de ingeniería humana, hasta la actualidad, en la que el país goza de una situación económica sorprendente. Ojalá dure y ojalá las élites económicas y políticas se den cuenta de que tienen una ocasión histórica y única para hacer una país ideal. Para ese gran proyecto tienen que hacer un esfuerzo del que no sé si serán capaces: dejar de un lado la egoísta ansiedad del dinero de la clase dirigente e invertir de verdad en el desarrollo social, económica y cultural del país. ¿Y en qué invertir en Panamá? En tres cosas: en educación, en educación y en educación. Así, en dos generaciones Panamá sería un país ejemplar en el mundo, pequeño en extensión, pero grande de corazón, humanidad e ideas. Lo digo porque ahora Panamá, con el viento en popa, no es una país sino tres: los que viven arriba, que viven divinamente, los que viven abajo a los que no les llega nada de los de arriba y malviven en trabajos casi esclavizadores y los indios, que son medio millón (de una población de tres millones de personas) y que no sé sabe incluso si viven o simplemente sobreviven en la escasez y la miseria.
Tengo para mí que la bonanza económica que vive Panamá durará todavía años, si se saben hacer bien las cosas y las ganas lujuriosas de ser desmesuradamente ricos no ciega los ojos de los que ya son ricos o pudientes. Hay por ahí, y por aquí, mucho patriota que a la hora de la verdad lo que quiere es “cogerse” la patria como propiedad privada, aunque el país siga en el subdesarrollo. Po eso, y porque estoy cansado de verlos en todos lados, no creo en los patriotas ni en los nacionalistas. Pero creo y amo con pasión este país en el que ahora estoy de nuevo por unos días y en el que celebro la vida como un estado de ánimo perpetuo. Duele, sin embargo, y me duele como ciudadano del mundo que siente sus privilegios cotidianos, ver la pobreza y la miseria de gente que no se lo merece. Duele ver las injusticias sociales, las diferencias de clase económica y otras muchas cosas que, no obstante, no empañan mi cariño por el país, sino que lo acrecientan. Hace un par de días llegamos a la Ciudad de Panamá y nos fuimos a la Calzada de Amador a comernos unos centollos de las islas de San Blas. Centollos inolvidables y panameños. No hay mejor entrada en este país que un centollo con dos o tres botellas de cerveza Balboa bien frías. El cielo, pues. Mañana hablaré en la Universidad de literatura, de la escritura literaria y de mis formas y maneras de escribir. Será una nueva ocasión para encontrarme cada a cara con los estudiantes panameños, los mismos que seguramente tendrán que seguir levantando el país para que Panamá llegue a ser lo que soñamos aquellos que de verdad amamos hasta le final del alma este país.

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