Caracteres creativos

El otro día ví y escuché por televiión a Ferrán Adriá, nuestro más universal restaurador, hablando de los caracteres creadores. Dijo, entre otras muchas cosas sustanciales, que los creadores tenemos un ego muy superior al común de los mortales y que por ello sufrimos o estamos sujetos a sufrir con más frecuencia problemas psíquicos. Mi coincidencia con Ferraán Adría en este asunto al menos es total. Los escritores tenemos menos ego que los pintores y mucho menos que los cantantes de éopera, que ocupan en la cúspide de los egos el primer puesto con distancia de los demás. Pero, ¿y un actor? El ego de un actor es sobrenatural, sobre todo cuando se sabe aplaudido como nadie por su actuación en el teatro o en el cine. ¿Y un cantante? Los cantantes son envidiables en su ego: cantan la misma canción una y otra vez en muchos conciertos y siempre reciben aplausos nuevos que siempre, y ellos creen así, son muy merecidos. Un escritor, un poeta, un novelista, se conforma con la vanidad de su soledad, con el ego con el que comenta sus errores y con el que habla para decirle de sus éxitos. Un escritor habla consigo mismo. El poeta Octavio Paz, que tenía un ego del tamaño de una pirámida truncada de Teotihuacan, decía que un escritor no está nunca solo, que siempre está consigo mismo. Y con las palabras que va descubriendo y situando en un lugar que sólo él, el ego del poeta, sabe cuál es.
De modo que si no fuéramos egoístas seríamos normales. Normalitos, como dice el pueblo. El peor escritor del mundo puede tener el mayor ego del universo. Puede incluso provocar las envidias más grandes y llegar a tener por eso mismo una fama infinita. Déme usted, decía Galdós, una envidia del tamaño del mundo y yo le daré una fama del tamaño del universop. Así es, si así os parece. En mi caso personal, el ego es una recurrencia co la que pienso vivir 100 años. Francisco Ayala, preguntado una vez por su reconocida longevidad, señaló que la lograba con dos whiskys diarios y ni un minuto de gimnasia. Una broma que lo hizo vivir 103 años con unja lucidez, sea dicho de paso, envidiable. hoy en día, la fama es lo que más busca el ego normal de los escritores y de los creativos, en general. Quierens er famosos con poco esfuerzo, con una mínima obra que les garantice estar en el star system situados bajo la luz de los focos. Se tiende, pues, a un ego desleído donde el fin es la fama y no ser, donde el destino es estar y no ser de verdad una escritor. Ser de verdad un escritor es muy difícil, se gana con vocación, esfuerzo, talento y, sobre todo, diligencia y perseverancia, o sea rigor y horarios fijos y cotidianos de trabajo. El resto es suerte. Claro que hay estos con suerte que ademáS se asfuerzas por llegar a ser lo que soñaron en su juventud. Con el tiempo la ambición decae, como la fuerza, pero el ego se multiplica y para el ser creativo se convierte felizmente en su mejor defensa.

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Una respuesta a Caracteres creativos

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