Joe, Padilla y Miami

Cada vez que llego a Miami, tengo dos pensamientos fijos: el recuerdo firme del poeta Heberto Padilla, que fue un gran amigo mío hasta que murió hace unos años, y visitar una vez el Stone Crabb Joe´s, en el South Beach de la ciudad. Padilla es uno de los poetas históricos de Cuba. Se hizo mundialmente conocido por el caso que lleva su nombre. Fue detenido y acusado de traición a la patria por el régimen de Fidel Castro, pasó bastantes días en la cárcel y, finalmente, volvió a saliy para pedir con insistencia marcharse al exilio. Después vivió en Madrid, Nueva York y Miami. Visité con él la casa de Hemingway, en Cayo Hueso, cuando yo estaba documentándome para escribir “Así en La Habana como en el cielo”, estuvimos juntos en Madrid y Canarias, y fue el editor de “Por el momento”, en 1970, y de su novela “En mi jardín pastan los héroes”, muy mal acogida por la crítica que espera una narración de mayor trascendencia. Padilla llegó a ser alto cargo de la Revolución cubana, pero la deriva del casticismo lo llevó a protestar y a quejarse más de lo conveniente en un régimen totalitario como el cubano.El resultado es que aqueja a muchos escritores cubanos: Padilla no escribió fuera de la isla nada mejor que lo que había escrito antes. Está enterrado aquí, en Miami, en un pequeño cementerio de cubanos y, lo recuerdo bien, a su sepelio acudieron no más de diez personas. Así es la vida para quienes se enfrentan al poder y quedan destruidos por él.
Mi recuerdo de Padilla se llena de luz en Miami. La prieta vez que visitamos el Stone Crrabb de Joe´s, mientras marchábamos hacia el establecimiento, Padilla me repetía que ese lugar no existía, sino que era nada más un producto de mi imaginación literaria. Me lo dijo seis o siete veces, hasta que llegamos al sitio y entramos a comer cangrejo regado con un espléndido vino blando de Napa. Para salir del paso, el poeta Padilla me declaró que aquel lugar de Joe era nuevo, no sólo para él, sino nuevo, de reciente aperturas, porque si no él lo hubiera conocido. La verdad es que los cubanos, hace más o menos un cuarto de siglo, se movían en cierto Miami, y siempre por la calle 8 por medio, y el South West, llamado la Sagüesera por los mismos cubanos, pero las playas y sus alrededores no eran lo suyo. Padilla detestaba la playa y odiaba también todo cuando podía ser un éxito de los gringos. Y Joe consiguió desde hace muchos años que su establecimiento no tuviera vacío ni de día ni de noche. Loa he visto crecer a lo largo de estos años, hasta transformares e en un gran restaurante que despacha cangrejo desde por la mañana a la noche, amén de otras maravillas gastronómicas inolvidables.

El Joe´s tiene ya casi un siglo de existencia y su veradero creador vive. A veces viene a la oficina del loca, se encierra con sus colaboraciones y con su nieta, que lleva el negocio, y pregunta cómo va la coisa. Él sabe que va bien: siempre está lleno de un público fiel que regresa una y otra vez a desgustar las irrebatibles patas del cangrejo de Miami. En mi novela “Así en La Habana como en el cielo” describo la forma en que le quitan una de las patas al cangrejo y lo vuelven a tirar al canal donde luchará con un solo brazo para recuperarla pata que desgustamos los humanos. Entonces, esa lucha en defensa propia le procura una pata musculosa y llena de carne, que es la que comemos después con gran gusto los clientes de Joe. De todas las partes de los Estados Unidos viene gente todo el tiempo a comer en Joe´s y nunca nadie sale defraudado. Al contrario, nos vamos con ganas de volver cuanto antes. asea dicho de paso, no es barato, precisamente, pero un día es un día y el placer de la comida es de los que no se olvidan nunca más.
Ahora, en este viaje a Miami, he estado ya dos veces en el Joe´s y he pensado acercarme al cementerio donde yacen los restos de Padilla. Rezar una pequeña oración por un amigo inolvidable nos describe como seres humanos realmente vivos. Yo aprendí mucho de Padilla y fui uno de sus más grandes amigos en el exilio, junto a Perdro Yanes, que también vive en Miami y que era preopiterario de una de las mejores librerías de Nueva York, Las Américas, en la Unión Square. Allí presentó Padilla mi novela “Las naves quemadas”, con Guillermo Cabrera Infante y Emir Rodríguez Monegal presentes en cuery alma. Hablo de tiempos pasados, pero hablo con memoria de la buena. No siempre hay que quedarse con lo malo, con lo que hemos sufrido, sino que hay que empatar la cosa con algunos recuerdos de cuando éramos jóvenes, felices y mucho másindocumentados que ahora. Es lo que decía Hemingway, que vivió, amó, escribió y pescó por estas tierras y mares, maravillas todavía de u n universo lleno de memoria donde Padilla y Joe, cada uno por su lado, brillan por sí mismos en mi memoria.

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