El regreso de Noriega

Sigo en Panamá. Ayer en la mañana me acerqué al Boulevard Balboa, un tradicional punto de encuentro en la ciudad, donde se reune mucha gente al medio día. Gente que habla alto: políticos, empresarios, trabajadores, diplomáticos, escritores. Todos hablan de la actualidad, sentados con un trago en la mano, almorzando a la panameña y saboreando la amistad, la discusión y la vida.

Atendí mucho y ví que se hablaba, una vez más, del regreso de Manuel Antonio Noriega, el llamado Carapiña, preso en Estados Unidos y en Francia, desde hace más de veinte años. Noriega,a quien Torrijos llamaba “mi niño malo” fue el encargado de hacer el trabajo sucio y oscuro de la Guardia Nacional en tiempos de Torrijos y, sobre todo, después, cuando Carapiña se hizo con el mando absoluto del país y sometió a Panamá a una dictadura personal y sangriente. Todos conocimos su final: la intervención norteaamericana, que hizo que Noriega se refugiara en la Nunciatura Vaticana hasta que se entregó a los gringos. Se lo llevaron esposado y en silencio a la cárcel y luego lo enviaron a Francia, reclamado por el gobierno galo. Ahora la reclamación viene del gobierno panameño, que ha pedido su extradición.
El el Boulevard Balboa se encienden las luces de la discusión en voz alta. Algunos son partidarios de no haber reclamado a Noriega, sino que se quedara para siempre en Francia, en la cárcel y, sobre todo, en silencio. En absoluto silencio. Otros dicen que el gobierno Martinelli lo quiere tener aquí, en Panamá, en la cárcel para que algunos notables (todavía) que tuvieron oscuras relaciones o negocios con Carapiña tiemblen ante su presencia y, sobre todo, ante su voz: que Noriega pueda contar cosas secretas, asuntos que desconoce la opinión pública y que, sin embargo, interesa mucho saber al pueblo de Panamá. Se apuesta en vivo por saber si Noriega, finalmente, vendrá o no. Y si viene, hay una segunda apuesta: si se va a mantener en silencio o al llegar a su país va a romper ese mismo silencio que lleva ejerciando durante sus más de veinte años de reclusión. Una tercera vía de opinantes anónimos dice que hay mucha gente con cuentas pendientes si Noriega habla y que su presencia, aunque en la cárcel, será una espada de Damocles para quienes estuvieron en connivencia política con Noriega y ahora quieran volver a mundo público, a la política activa.
Siempre pensé que esos tiempos de Panamá, no tan remotos, encubren ua, dos o tes novelas que todavía no están escritas y que están esperando por un escritor. Les confieso una vaz más un secreto: siempre que vengo a Panamá creo que voy a encontrar una novela en cialquier esquina y el día menos pensado. Es una intuición que me persigue desde hace años y yo voy recopilando los indicios y las señales de humo que Panamá y sus gentes me van enviado como telegramas gestuales, apenas sin palabras, pero bastante claros. El Canal, la selva del Darién Noriega, Torrijos, Chuchú Martínez, personajes a los que hay que añadirf otros tan famosos como ellos, tan influyentes como ellos, tan novelescos como pueden serlo ellos. La historia reciente de Panamá es, en algunos episodios sumamente interesantes, de un interés novelesco sustancial, por su oscuridad y por su propio contenito, tan controvertido. Por ejemplo, las relaciones secretas y no tan secretas entre aquel monstruo llamado Vladimiro Montesinos, mano derecha de la dictadura de Fujimori en el Perú durante los años negros del mando del Chino, su huida del país y su refugio en Panamá. Ahora se sabe que Montesinos y Noriega eran amigos, algo más que amigos (compinches, como se dice aquí) y es posible que hasta hayan sido socios en los sucios negocios del narcotráfico de aquelos años. Panamá, tan pequeño y tan grande, es ha sido y seguramente seguirá siendo una tierra en paz pero llena de intrigas cotidianas, de gritos palaciegos y de negocios políticos poco edificantes. Pero el país vale la pena, la vida respira cada vez mejor en las tierras y mares del Canal, cuando precisamente la crisis arrolla a la mitad del mundo. Aquí, por razones largas de explicar, la economía crece, aunque la gente de abajo no se beneficie tanto como los de arriba. La economía crece, Panamá también. Se progresa, a pesar de los pesares. En el Boulevard Balboa hay algunos relatos que son literarios y algunas novelas que un escritor de aliento suficiente, a poder ser panameño, ponga en negro sobre blanco y nos relate los secretos de su país que son también los esternos secretos y los problemas de la Humanidad a través de todos los tiempos. Ahora, la curiosidad recae sobre el regreso del Carapiña. Hay expectación en los medios informativos, en el mundo diplomático y, sobre todo, en el universo político panameño. Aquí, lo mejor y los peor está en la vecindad. Todo el mundo conoce a todo el mundo. Todo el mundo, pues, conoce a Noriega. Pero Noriega también conoce a todo el mundo. Como dicen los colombianos, Ave Maria, pues.

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