Panamá

Estoy una vez más en Panamá. Aquí pienso, me gusta mucho más la vida y amo a la gente de este país. Algunos de mis bastantes enemigos han inventado en España que yo vengo a Panamá porque tengo una cuenta corriente secreta en un banco muy poderoso y vengo a sacar un poco de dinero del mucho que dicen que tengo. Otros sostienen que tengo aquí una mujer secreta, bellísima, e incluso que tengo una familia también secreta, con hijos y todo. Todo pura leyenda: vengo porque amo a la gente de este país, que tiene una muy mala prensa injusta y que la gente que habla de él conoce más bien poco o nada. Yo era uno de esos ignorantes que mantenía que Panamá era el único canal que habçia en el mundo con un país. Nunca me perdonaré semejante bufonada. Panamá es un país pequeño, pero con un alma muy grande, un país que además tiene un canal que une dos océanos y gracias al cual la humanidad se ha encontrado a medio camino del todo que siempre anda buscando.
Ahora mismo acabo de conocer a la pintora Olga Sinclair. Me ha parecido un ser humano excepcional y hemos quedado en que mañana o pasado voy a acercarme a su estudio para conocer mucho mejor su pintura. Sinclaire, como Balzac, es de esos seres humanos que pertenecen a la oposición que se llama la vida. Conocerla, hablar con ella, cambiar sensaciones o recuerdos míos entrecruzados con otros de ella ha sido todo un regalko que añadir a los muchos que me hace Panamá cada vez que vengo. En medio de académicos, profesores y escritores, que a eso he venido (al XIV Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española) está, por encima de todos los descubrimiento, el país, Panamá y su gente. De vez en cuando, cuando vengo a Panamá, descubro gente que me estaba esperando aquí, gentes de carne y hueso que abren mi fantasía, mi imaginación, mis ganas de vivir. Por eso hoy ha sido un gran día. He conocido a una artista excepcional, que además es una persona excepcional. Hablamos de Bacon. Me dijo que la influencia de Bacon en su pintura es muy notoria. Le dije, le contesté, que me parecía bueno, porque yo soy de los que creen que el mestizaje debe ya terminar de imponerse sobre el falso prestigio de la diferencia de razas. En la vida, en lo que hacemos, en lo que vemos, todos tenemos modelos a seguir y cada uno escoge los suyos. Escoger a Bacon como gran maestro me parece un acierto. Y Olga Sinclair lo ha hecho, entre otras muchas cosas buenas que ha hecho y le han sucedido en la vida. Tiene, además, dos hijas bellísimas. Dos mujeres que estudian en Holanda, de donde es natural su padre, y que tienen la genética evidente del mestizaje solvente de su madre. Otro día les hablaré de su pintura, de su arte, de su manera de entender la vida a trravés de los colores. Me basta con contarles hoy que Olga Sinclai es una mujer de verdad, una artista de verdad, una intérprete cabal de la vida, que es el arte de verdad que nos ha tocado en suerte. Ella es hoy para mí Panamá, un descubrimiento. Mañana será otro día panameño. Se celebrará en la Universidad Latina el solemne acto del Doctorado Honoris Causa de Mario Vargas Llosa, que no se cansa de recibir honores, todos -digamos la verdad- un poco tardíos. Aunque nunca es tarde, si la dicha llega.

Ahora mismo es una noche clara sobre el canal y el istmo de Panamá. Mis amigos de este país saben que siempre llego aquí con una ilusión renovada, esté cansado o no, y entre el sol, la playa, la gente y la risa el rato es parte de la lotería de la vida. Claro que no todo es perfecto en Panamá. Y la mala prensa tiene mucho que ver en eso, cuando en realidad Panamá es el único país del continente americano que se ha quitado de encima a los norteamericanos sin pegar un cañonazo. A fuerza de tesón, voluntad, temperamento y talento político.
Tengo una deuda con este país que tantas cosas nuevas me regala cada vez que llego a él. Digo que tengo una deuda y es una deuda por escribir. Una novela, por ejemplo. Una novela de aquellos días de Torrijos en los que el general amigo de Graham Greene tenía el canal minado para hacerlo saltar por loa aires si el Congreso y el Senado norteamericanos hubieran votado en contra de la devolución. Ganó la devolución por dos votos. Pero ¿se imaginan el mundo sin canal de Panamá por el empecinamiento y la soberbia de los gringos?
Hay días felices, ya lo dije, y este que ha pasado lo es. Lo cuelgo en mi blog para que quede constancia escrita de mi alegría de estar de nuevo en Panamá. Y no porque tenga una novia secreta o una cuenta corriente clandestina de la que saque dinero cada vez que me falte. Ni tengo novias, ni tengo dinero. Tengo muchos años, ganas de vivir y seguir diciendo y escribiendo lo que me venga en gana. Que no es poco.

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2 respuestas a Panamá

  1. Corrientemente no dejo comentarios en las paginas pero tu contenido me motivo a hacerlo. Genialarticulo.

  2. Bob dijo:

    Me encanta Panamá también. El lugar es hermoso por ser tan tranquilo.

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