Pivot

En plena campaña electoral española, irrumpe en la actualidad cultural de nuestro país un nombre legendario para los que nos dedicamos al “negociado” literario y editorial: Bernard Pivot. Esencialmente Pivot es un gran lector cuyo lema principal es de lo más simple y rutinario: ni un día sin leer una página de un libro cualquiera. Pero esa rutina, transformada en costumbre, es de lo más saludable para millones de personas en el mundo (todavía), que encuentran en el libro y en la literatura un mundo de imaginación que resulta tan real como la vida misma.
pivote era crítico de fútbol en algunas revistas francesas, pero sy verdadera fama y la admiración que todos sentimos por él estriba en haber creado, fundado, cimentado y desarrollado un programa de televisión en Francia que llegó a ser seguido, semana tras semana, por más de tres millones de personas. Una epopeya. Hace falta ser muy creyente en la literatura, en el libro y en sí mismo, paa ponerse delante de una cámara a convencer sólo con la palabra y el gesto (con la pasión de la vida y la lectura) a todos esos millones de personas para que lean el libro del que él les está hablando en esos momentos.
Sus entrevistas con grandes escritores son glorosas. Consiguió que le prestaran atención y admiración muchos grande escritores del siglo XX que no se detenían a mirar la televisión ni un segundo y a muchos de los que la actualidad no les importaba nada. El resultado de aquella epopeya pivotiana se llamó “Apostrophes” y resultó el más entretenido, divertido e inteligente de todos los programas de televisión que siguieron a Pivot, e incluso lo imitaron, y de todos los que yo he visto en mi vida, que no son pocos ni en un soplo lugar.
La telegénica de Pivot era única. No quiero decir que todos los que vinieron después (incluido yo con mi programa “Los Libros” en La 2 de TVE y en el Canal Internacional) plagiaron a Pivot y no hicieron otra cosa que seguir sus pasos. Hubo programas de televisión soibre libros y literatura, y los sigue habiendo en muchas partes del mundo, que son originales, llamativos, atractivos para el espectador e inteligentes para la gran mayoría de los lectores que lo siguen. Lo que digo es que como aquel Pivot de “Apostrophes” no hubo ninguno más, cada uno en su altura y dimensión.
Nosotros, Eduardo Sotillos y yo (Sotillos durante dos años codirigió “Los Libros” conmigo; yo continué dos años más hasta conseguir los 100 programas), tuvimos la gran ocasión de hablar con Pivot y con otro personaje al que admiramos en vida y seguimos admirando ahora mismo: Jorge Semprún. Pivot sentía una gran admiración por Semprún, a quien llevó en mñás de una ocasión a sus programas. El caso es que a finales de los 90, ya Pivor dirigiendo otro de sus programas, “Bouillon de cultures”, vino a España, a Bilbao, a ver el Guggenheim, y a Madrid. Y nosotros aprovechamos para conocerlos, entrevistarlo para nuestro programa televisivo y hacernos amigos. Nos contó Pivot que su epopeya no había sido tal, porque contó con el apoyo de muchos amigos y con el del Presidente de la República de Francia en aquel momento, Francois Mitterrand, que llegó a ser el primero de los invitados de Pivot en su programa, el que inauguró aquella serie inigualable y falubosa de entrevistas literarias. Nos contó que entonces no había en Francia televisiones privadas, sino sólo el canal estatal y que eso hizo que se concentrara la atención en su programa de libros. Así y todos, ma atreví a decirle, no me gustaba que rebajara su propia calidad por muy humilde que quisiera mostrarse ante nosotros.

Yo había seguido el programa de Pivot hasta conocerlo, y después lo seguí no sólo cuando algún programa de “Apostrophes” era repuesto en algún canal francés, sino los otros programas (incluso “Doble yo”) de Pivot. Me pareció siempre fantástico. Mostraba tal pasión al hacer televisión con libro, una literatura muy difícil, que convencía a cualquiera a las primeras de cambio, en diez minutos que el telespectador prestara su atención al telegénico Pivot. Y sabía, eso sobre todo lo demás, lo que hacía y decía: leía hasta la última página del libro delque iba a hablar, estuviera o no delante el autor del libro, y sabía hacer de las páginas de cualquier libro una exégesis exacta en un lenguaje siempre fino y pensado desde el emisor al receptor. La televisión, a pesar de la basura y también por eso mismo, es comunicación. A los tontos, sean o no legiones, los vuelva más tontos, pero a los inteligentes les ofrece una ventana de información y comunicación con la que se puede saber lo que ocurre en el mundo (y traducirlo) en unos pocos minutos.
Bernard Pivot vino a España porque los Editores de Madrid, en un gesto que los honra, le dieron el Premio Sancha. Merecido galardón. no puede ir al acto de entrega ayer por la tarde, pero rindo hoy mi homenaje de recuerdo y escritura a uno de los maestros de la televisión de finales del siglo XX, uno de los lectores más completos que he conocido y una persona afable, cercana. A pesar de ser famoso, respetado y admirado.

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