LITERATURA EN EL METRO

Con motivo de la publicación deán libro de cuentos suyo, Antonio Muñoz Molina ha hecho unas declaraciones al diario El País. Dice en ellas, entre otras cosas para reflexionar, “que hay más literatura en una estación de metro (dicen “en el metro”, exactamente) que en un suplementos literario”. Voy a estar de acuerdo con Muñoz Molina una vez más.
El novelista se bate todas las semanas el cobre de escritor en el suplementos literario de El País, Babelia, lo que no indica ni mucho menos que no sepa donde esta la vida de verdad: en la calle, en el metro, en las plazas de las ciudades y los pueblos del mundo; en los bares, en los pubs y en las carreteras abiertas del planeta; en el aire libre y en las casas de familia; en la soledad de un hombre que camina en la oscuridad pero en realidad no está solo porque va dialogando consigo mismo.
Habrá quienes malinterpreten las palabras de Muñoz Molina en su entrevista. Siempre hay gente que quiere que los demás se equivoquen para caer sobre ellos y hacer leña del árbol que creen que ya ha caído en la selva. Muñoz Molina dice y quiere decir, y así lo interpreto yo, que la literatura está en la vida y que la vida es literatura, más que papel interesado o no de quienes se dicen, y tal vez lo sean, sacerdotes laicos del negociado de los escritores y los editores. Conste que los hay y se reúnen en tribus con cánones y autoridades que se han otorgado a sí mismos la categoría de jefes de la cosa literaria. Así nos va.
Por el contrario, hay muchos que creemos, con Antonio Muñoz Molina, que la literatura es la vida (y está en la vida), además de que la vida es literatura. Según por donde se mire,me dirán muchos de ustedes (si es que ustedes, mis lectores de este blog, son muchos), pero a poco que ustedes ponganb atención sobre la vida y cualquiera de sus sucesos aparentemente intrascendentes, se dará cuanta de que nuestro criterio no es una tontería precisamente.
Una de las ciudades más vivas literariamente hablando de todas cuantas conozco, que no son pocas, se llama Buenos Aires. He llegado a la conclusión de que los poreteños intuyen que hay escritores observándolos y “actúan” como si los estuvieran grabando para el cine. Para ellos, la literatura es la esquina de la calle donde se detienen con algunos de sus amigos para hablar de lo que les sucede todos los días. Si un escritor atento observa y escucha cuanto dicen los porteños en las esquinas, por ejemplo, del barrio de San Telmo, verá sin mucho esfuerzo un relato, un cuanto, una palabra literaria de boca de algún ser anónimo que, sin embargo, puede parecer ese momento el mejor actor del mundo, un personaje de novela que algún director fílmico pasará al cine. Por eso los argentinos tienen tan buen cine. Parecen ingleses.
Eso es lo que quiere decior Muñoz Molina, a mi entender, en sus declaraciones a Babelia. Sabe que la vida es un libro abierto y que ahí, en ese gran escenario de la vida, en cualquier parte del mundo y en cualquier ciudad del país que sea, hay escondida una novela, un relato, un poema, un guión cinematográfico. Sólo hay que estar atento, sólo hay que observar en silencio: escuchar con atención a los demás.
Algunos escritores se embeben en sí mismos y en los libros que escriben y, al final, se encuentran en un laberinto sib salida que los lleva a la frustración. No sé quien lo dijo pero es verdad: escribir es leer despacio, y para ciertos escritores, entre los que me encuentro, escribir eslo mejor que nos ha podido ocurrir en la vida. Ahora bien, escribir exige estar atento a la vida, abierto a los demás, observando a quienes semejantes a nosotros nos detienen cuanto nos reconocen y nos confiesan que tienen en su vida una novela. “Si se la cuento”, nos dicen, “usted escribiría una novela. quizá si o tal vez no. Todo el mundo cree que tiene una vida interesante, de novela o de guión de cine. Todo el mundo cree que su insignificancia en manos de un buen escritor podría convertirse en una novela “de éxito”. Es posible que, en un alto porcentaje, las cosas sean más o menos como parecen. Es decir, que las apariencias no engañan tanto.
El metro, entonces, al que se refería Muñoz Molina esla propia vida. El metro como metáfora de la vida de todos nosotros juntos y de cada uno de nosotros por separado.
He viajado mucho por todo el mundo y sé que las novelas están ahí, delante de los ojos del escritor. Lo que sucede es que, en la mayoría de los casos, también los escritores somos unos despistados, unos cómodos, unos indolentes, que prestamos escasa atenciónb a los demás. Yo pertenezco a la oposición que se llama la vida, nos enseñó Balzac, que se pasó la vida escribiendo, y de quien se dice que escribía tanto y era tan grafomaníaco que terminó por escribir una novela enteres en una sola noche. Eso es verdadera vocación, casi respiración, algo tan fuertemente vicioso, capital y pasional, que el escritor que lo es de verdad no debe olvidar jamás. Escribir es para él, también para Muñoz Molina, la vida. Lo que sucede es que la vida que vivimos nosotros, los escritores, debe tener unas características de atención hacia los demás que nunca debemos olvidar, so pena de perdernos nbosotros también en un laberinto de soledad que no nos permitirá seguir adelante ni como escritores ni como personas.

Acabo este comentario de fin de semana recomendánles que descansen leyendo un libro cualquiera. Tal vez sea el momento de leer una de lasa buenas novelas de muñoz Molina, aunque su escenario, en el que se desarrolla el relato, no tenga nada que ver con el metro, con el subway, el subte, como dicen los porteños, y los argentinos, en general.

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