Un intelectual comprometido

Quienes sostienen que ya no hay intelectuales comprometidos en España se equivocan. Aquí tienen a uno: Antonio Muñoz Molina. En un mundo lleno de clanes mediocres, de anacolutos literarios que se creen los reyes del mambo cantando en el cielo canciones de amor, de sectarismos mediáticos que niegan unos a otros, de Harold Bloom de bolsillo que aspiran a crear su propio canon y condenar al infierno a todos los demás, aquí está la figura y la obra de Antonio Muñoz Molina, con las justas concesiones a la sociedad y nunca a la galería.

Yo lo admiro sin ninguna duda, lo conozco por la lectura de sus libros, y en esas páginas, sobre todo en las de “Sefarad”, me hice amigo suyo; después lo conocí personalmente, casi fuimos vecinos en la sierra de Madrid durante algunos veranos en algunas de cuyas noches pasamos veladas extraordinarias hablando de literatura, de política, de fútbol, de la actualidad que nos acuciaba y nos interesaba. Bebimos buenas botellas de vino y nos divertimos mucho, de modo que me alegro mucho por Muñoz molina, y hago extensiva esta felicitación a su mujer, Elvira Lindo, escritora y sin embargo amiga.
El mundo intelectual de Muñoz Molina es todo un compromiso con el mundo que vivimos: tiene, como pocos, la pluma afilada y el ojo avizor; tiene como pocos una palabra justa; como pocos posee el don de la bonhomía y, como pocos, escribe sus libros. Podemos además estar de acuerdo o no con ellos, con sus artículos, siempre rigurosos, pero no podemos decir que Muñoz Molina, como otros muchos hoy en día, hace literatura light, que su compromiso es una pose social y que su ideología es débil y siempre puesta de perfil. Escritor comprometido, con la historia, con la calidad literatura y con su independencia ideológica, Muñoz Molina es un espécimen extraño en la vaga y baga literatura nacional de España, un paradigma a seguir o por lo menos a leer y a estudiar. Uno de sus maestros, Primo Levi, mueve esa conciencia que acaba de ganar el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Es la primera vez que no estoy en ese jurado como miembro del mismo desde hace doce años, pero no me hubiera costado nada votar a Muñoz Molina si hubiera sido jurado este año y una vez más. Me alegro por Muñoz Molina, me alegro por este país, que necesita estímulos superiores como la conciencia de este comprometido intelectual que desdice, finalmente, a quienes sostienen que ya no hay intelectuales como los de antes…

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