Cosa del siglo pasado

stoy en París. En los medios informativos y entre la gente de la calle no se han apagado los ecos de las manifestaciones del pasado domingo contra la ley de los matrimonios gays. Mi asombro es mayúsculo: París, Francia, aunque una minoría de una minoría, se ha echado a la calle para discutir a gritos y violentamente una cosa tan del siglo pasado como los matrimonios gays. Siempre tuve, y sigo teniendo a París, como una ciudad libre en la que me siento en casa, rodeado de parisinos que no lo parecen: hasta me son simpáticos, frente a los que dice tanta gente. Siempre vi en París un destino de libertad y libre pensamiento donde todo saber tenía su asiento y donde toda libertad encontraba un hueco lleno de calor y dignidad. Sí, como decía Hemingway, París era y sigue siendo una fiesta en cualquier estación del año.Por eso me siento sorprendido, negativamente asombrado porque esta minoría haya hecho de París, aunque sea durante unas horas y en aras de la libertad tal vez mal entendida, un campo de batalla para defender el matrimonio hetero frente a quienes, con toda razón, exigen el mismo derecho que el que nosotros tenemos: el derecho a convertir su condición humana en una realidad legal, una realidad tan legal como la que hemos tenido los heterosexuales todos estos siglos. ¿Por qué enfrascarse en una batalla perdida, una guerra del siglo XX ya pasado, que no conduce a ninguna parte? El empecinamiento de ciertas ideologías en darle marcha atrás a la historia es pertinaz y erróneo. La homosexualidad es una constante en la Humanidad y en la Naturaleza entera, y querer demostrar lo contrario, sobre todo ante la evidencia de los hechos, me parece a estas alturas del siglo, y con la que está cayendo, de una desvergüenza descomunal. quiero decir que estoy en un París que sigue siendo tan libre como lo fue siempre, desde el día en que los revolucionarios decidieron acabar con las prebendas aristocráticas, descabezaron a la nobleza y proclamaron la soberanía del pueblo. Así es, si así os parece, y por eso tengo para mí que París, una idea y una ciudad que no se acaban nunca, está por encima de todos estos episodios que van contra la libertad y contra el camino de la Historia. Ahora, en un rato libre, busco por las calles a Marcel Proust. Tal vez lo encuentre en este mundo libre y lo invite a tomar un café conmigo y a charlar un rato sobre los últimos acontecimientos parisinos. Tal vez me dé la razón…

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