Sic transit gloria mundi

Todos los días hay un escándalo. El de ayer se queda chico con respecto al que estalla en los medios de comunicación el día de hoy, y ya estamos esperando, absortos, el del día de mañana. Mientras tanto, lentamente, el estallido de la calle va fraguando el muerto que caerá, como otro escándalo, de un día a otro. ¿Es esto la normalidad? Es gracioso ver ahora a ciudadanos indignados porque se les está engañando desde hace un par de años. No es así: ahora nos damos cuenta de que llevamos siendo engañados por unos y por otros toda la vida; que las ilusiones de ayer no son más que melancolías para el día de hoy, escandaloso y todavía friolero, a pesar de que el verano está en puertas. ¿Nos quieren robar también el verano? ¿Imita la Naturaleza al hombre, al lobo para el hombre que nos roba mientras no lo sabemos, hasta que caemos en la cuenta de que todo es un fraude insoportable? ¿Nos van a cobrar intereses por el verano inminente o es nuestro, lo tenemos pagado desde siempre y por eso podemos disfrutarlo?

El hombre contemporáneo almuerza viendo crímenes en la televisión, después de desayunar sapos y hablar pestes del gobierno. El hombre de hoy cuenta que no tiene futuro, y que el futuro que no tiene es hoy mismo, el día que se manifiesta en contra del escándalo del día, el banquero en la cárcel, a la calle al día siguiente, los dineros de los políticos y el de quienes los compran, una sonrisa y un brindis a la Justicia para que los meta en la sombra durante decenios, hasta que nos olvidemos de ellos, de los escándalos que nos han traído la ruina y la rutina de las manifestaciones urbanas interminables. Se trata del olvido, y mañana vendrán nirvanas que nos dejaran dormidos como habitantes platónicos de aquella caverna desde el fondo de la cual no se ve nada. En efecto, nada es sólido: hay un cambio climático en la política del mundo, un nuevo orden extraño y oscuro. Nos lo van a imponer. O tal estuvo impuesto desde hace siglos y ahora, entre el escándalo cotidiano y la ruina de todos los días, nos hemos dado cuenta del desastre en el que nos hemos metido de hoz y coz, bailando como juerguistas al son de estos flautistas ladrones. Sic transit gloria mundi.

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