A fuer de justicia

Se recomienda, entre la gente de bien, ser justo a la hora de repartir honores y verdades. Y, de paso, no ningunear ni olvidar a quienes se batieron el cobre porque las cosas salieran bien para las mayorías. Viene a cuento, a fuer de justicia, recordar que Hilario Suárez, un asturiano y panameño de verdad, fue el primero a quien se le ocurrió por suerte que el Canal de Panamá fuera nuestro candidato al Premio Príncipe de Asturias en la actual convocatoria y en la sección de Cooperación Internacional. Suárez es tremendo tipo, lleno de amigos y vitalidad, por eso tengo pendiente, en mi próximo aunque todavía no inminente viaje a la Ciudad de Panamá, una larga visita a su casa, a Taberna 21, que sigue siendo, luego de trece años, y desde su fundación en el año 2000 en el 21 de la Vía Argentina, un lugar de reunión y tertulia alegre, divertida e inteligente de intelectuales y políticos, gente inquieta que no se calle nunca y que habla de todo porque de todo hay que hablar cuando casi nadie quiere o sabe hablar de nada.
La talla humana de Hilario Suárez traza, a fuer de justicia, un puente vivo y de corazón entre Asturias, en España, y su Asturias panameña, ese rincón del alma que ha sabido crear, fundar y cultivar en el mismo corazón del Istmo. Nada de esto, a fuer de justicia, puede negársele a un hombre que vive las veinticuatro horas del día con una vitalidad y una energía de la que se alimentan cientos de los amigos que ha ido haciendo en esa parte del mundo, a la que él es uno de los que convierte en un universo paradisíaco durante las horas en las que el debate, el trago, el alcohol y la vida transitan por su Taberna 21.
En mis correrías por Asturias, patria querida de Hilario Suárez y de tantos de nosotros, que no hemos nacido en esa tierra feliz pero que la amamos como si fuera la nuestra, he llegado a conocer asturianos que son de una prodigalidad asombrosa. Asturianos como Hilario Suárez, con una sonrisa en los labios y un saludo de amistosa sintonía con todo aquel que llega a ser su cómplice. Hilario Suárez se me parece mucho a otro asturiano de nombre Ataúlfo, gijonés, cuyo nombre de rey merece, como Hilario Suárez, una urgente proclamación de rey de la cocina y la amabilidad humanas.
Sucede que Ataúlfo tiene, a mi modo de ver y estar, la mejor taberna de Gijón, el mejor chigre de todo Asturias, cuyos mariscos y pescados hablan incluso el bable a la hora de saludar a los comensales felices que vamos a participar en el inmediato convite. Una vez estuve de manera anónima en Taberna 21 y tuve la misma impresión de cercanía humana que he gozado en el Ataúlfo de Gijón: me he sentido feliz en esos lugares como si yo mismo los hubiera diseñado para la vida, el buen comer y la mejor educación; me he sentido joven allí, y libre, y desde luego satisfecho tragón de las viandas que tanto Ataúlfo como Hilario Suárez nos regalan con su sabiduría culinaria. Le dije un día a mi compinche Ataúlfo, en medio de una fabada descomunal que tomábamos de postre tras los muchoa mariscos excelentes, que tenía que venir a Panamá, no sólo a conocer a Mano de Piedra Durán en su propia salsa, sino a mis amigos panameños y, sobre todo, a su paisano, Asturias, patria querida, Hilario Suárez, el hombre que fue el primero en imaginarse con razón que el Canal de Panamá se merecía el Príncipe de Asturias en un año en el que España y Panamá se encuentran en tantos acontecimientos históricos de ayer y de hoy.

Es bueno, a fuer de justicia, poner las cosas en su lugar exacto, lo mismo que hacemos a lo largo de nuestra vida, ya se sabe, es lo que harán con nosotros. Dicen que el tiempo pone a cada uno en su lugar, pero yo prefiero que la memoria activa no tarde tanto como el tiempo en hacer justicia. De modo que queda firmado aquí, por alguien como yo, que apoya sin fisuras esa candidatura del Canal para el Asturias de Cooperación Internacional, que fue el gran Hilario Suárez, el personaje y la persona, el asturiano, el español y el panameño, quien imaginó que una realidad entonces lejana pudiera ser una verdad tan cercana como la deseamos: que el Canal de Panamá, que lo merece con creces, llegue a ser Premio Príncipe de Asturias. Estoy seguro que el primero en estar en su tierra, emocionado, feliz y contento de que su idea, que también es la nuestra, llegue a buen puerto. Con unos buenos percebes, pichín y, desde luego, veinte botellas de sidra, a fuer de justicia.

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